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3 oct. 2011

Videojuegos y arte: Escher y el Príncipe

Muchos de los jugones de la generación de MS-DOS y Super Nintendo recordarán con más o menos cariño un juego llamado Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame. El juego salió en 1993 y era entonces uno de los pináculos técnicos de la consola de Nintendo, ya que hacía lucir todos los hermosos colores que era capaz de desplegar la consola frente a la versión de Megadrive que nunca llegó a salir por dar puto asco en comparación (y os lo dice un tío que ha tenido a lo largo de su vida tres Megadrives) e incluso, frente a la versión de MS-DOS y Mac, que la superaban sólo en el aspecto de sonido y resolución (ese 800x600 y esos sonidos de alta calidad y voces grabadas, madafackas).

Versión de Super Nintendo:


Versión de MS-DOS:


Versión nunca publicada de Megadrive (a primera vista parecida a la de MS-DOS, pero echadle un ojo a los detalles de los frescos y los falsos arcos... por no hablar de que iba fluido como Michael J. Fox bailando ballet):


A nivel narrativo, era una obra de arte, un cuento de Las mil y una noches hecho píxeles con una capacidad de sorprender al jugador con sus giros y situaciones peligrosas tanto como de exprimir el cerebro para encontrar las soluciones. Sólo el primer nivel es de película: traicionado por Jaffar, el visir del sultán (sí, no penséis que Disney se inventó este personaje), que ha tomado su forma mediante magia, el príncipe es expulsado de palacio y perseguido por los guardias. Escapa rompiendo una vidriera, acabando con los soldados del sultán y saltando por los tejados de palacio, llegando finalmente al suelo y corriendo hacia el puerto para alcanzar in extremis el barco que sale del puerto, su único medio de huída.



En serio, es una cosa que tiene casi 20 años y en 2D y es más emocionante que cualquier nivel de Sonic.

Pero al igual que la primera escena es la emoción electrizante de una carrera por salvar la vida, es el último nivel el que realmente es una auténtica obra de arte diseñada para confundir y maravillar al jugador. En el final del juego, Jaffar, en un último y desesperado intento por acabar con nosotros, nos hechiza sumergiéndonos en una ilusión. Vemos piezas de ajedrez gigantes con las caras de Jaffar, la princesa, el sultán; insectos gigantes, guardias interminables, múltiples imágenes del falso príncipe en una sala de espejos y (y a esto quería llegar yo), arquitecturas que desafían las leyes de la lógica y engañan con la perspectiva. Este es el nivel en cuestión.



Si somos lógicos, seguiríamos dos caminos posibles, uno para ir hacia el fondo y otro para avanzar a la izquierda:

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Solución patrocinada por un uso cutre de Photoshop


Pero el príncipe le regala un finger a la lógica y atención lo que hace.



¿Cómo? ¿Os dais cuenta de que en un mundo lógico esto sería imposible?

El príncipe sigue en la siguiente pantalla una vez avanza hacia la derecha:



Como digo, esto en un mundo donde las perspectivas y las distancias no se mofan de ti, esto es imposible, pero ese no es el mundo de Maurits Cornelis Escher.

Escher fue un artista holandés conocido por sus grabados y litografías que representan sobre figuras y arquitecturas imposibles, que tienen lógica por partes pero que en algún momento nos muestran una perspectiva que sería imposible de traducir a la hora de pasar a la tercera dimensión esas construcciones. Aquí tenéis un ejemplo de su obra: a ver si podéis decirme la dirección en la que va el agua sin que os de un aneurisma.



O aquí, por ejemplo, en una obra cuyo título desconozco pero a la que he bautizado "el acceso al garaje de casa de mis padres" por su similitud.



O esta. ¿Las escaleras suben siguiendo la dirección de las agujas del reloj o la de tu puta madre?



Como veis, la inspiración en la obra del holandés es algo fácilmente detectable. Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame, es una obra clásica que todo el mundo debería jugar (disponible en Xbox Live, por cierto) para experimentar una auténtica aventura exótica del calibre de Las Mil y Una Noches, llena de emociones, momentos de pararse a pensar para resolver acertijos, ruinas de ciudades exóticas y palacios ciclópeos, la vuelta desde el reino de los muertos y la victoria final en un traicionero mundo de ilusiones que, como véis, tienen su fuente en un artista que revolucionó las perspectivas y que inspiró a un grupo de programadores para culminar de manera maravillosa un juego épico. Si tenéis la oportunidad de jugar a Prince of Persia 2, estaréis jugando una obra de arte.

Word, amigos.

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